Bunburystica

jueves, 4 de marzo de 2010

Proposiciones constantes


Arden tus pasos y pesan tus pies
Arrodíllate a entender lo inexplicable…
Apaga el amargo cigarrillo de la mentira
Dentro del roto cenicero de la verdad…

Deja atrás las miradas tiranas
Esos ojos marrones de dulce vals…
La sonrisa cautivadora lejana
Y esos abrazos de cristal…

Levanta la cabeza de una vez
Mira sin miedo a los demás…
Suelta el ramo de espinas sin pensar
Que no conviene, a veces, dejarse lastimar…

Es el tiempo inexplicable
Es su correr tan fugaz...
Esos zapatos agigantados
Y el titán mirando el suelo…

Encajan perfectamente en tus dedos
Esos anillos dorados…
Que, brillando como nunca,
Iluminan mi pasado…

Fabian A. Rosso

lunes, 15 de febrero de 2010

Celeste


Y mi mundo se parte en dos

Como un rayo veo el quiebre celeste

Que apaciguará las aguas

De mí atormentado mar…


Mi mundo yace quebrantado

Las leyes cotidianas lo golpean

Y de un lado la cordura

Del otro la insanidad


Dos horas de combate final

Para levantar bandera blanca

Que llame a la incómoda paz

Llevándose consigo la ansiedad…


Tiembla mi pulso

Buscando donde golpear…

Sin encontrar el punto neutro

Dejando cenizas de inteligencia por todo el lugar…


Mi mundo se parte en dos

Las leyes cotidianas lo golpean

De un lado la cordura

Del otro la insanidad…


Fabián Alberto Rosso

sábado, 13 de febrero de 2010

Suave como el peligro...


Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.

Leopoldo Maria Panero.

jueves, 11 de febrero de 2010

Le bon pasteur


Es duro el trabajo de la pesadilla,
es duro
arrastrar de día el carro de las marionetas,
de noche; y ser una de ellas mañana,
cuando abran los ojos par no ver
que la bailarina de cuerda danzando entre ellas
mueve ella misma el resorte.

Leopoldo Maria Panero

Solo un guerrero mas...


Solo un guerrero más… dijo aquel luchador que había llegado a conquistar el más basto continente nunca visto jamás…

No hacía mucho tiempo atrás, en su tierra natal, sentado en su trono se encontraba el… pensando… que le deparaba mas allá de la luz del sol, mas allá donde se decía que solo los valientes podían llegar… era un lugar gobernado por el frio, la crueldad, la indiferencia y la maldad.

Sin más que pensarlo, decidió, por así decirlo, emprender el viaje que él jamás podría olvidar. Era su espada la que empujaba su destino? O la simple curiosidad?...

Sintió que era en vano llevar sus hombres, por lo que una noche de neblina, decidió escapar…

Sin más armas que su pensar, sin más fuerzas que las del despertar, sintió que por esa vez, su pelea no sería otra más…

Mientras duraba el viaje y la eterna llanura, susurraba mirando fijo el horizonte, - algo bueno me esperara…

Sintió frio al acercarse y miedo al pisar, sabía que no era una batalla más, sino que era la primera en su especie.

Su caballo, su único amigo fiel, el que había peleado junto a él en miles de sangrientas batallas, huyo de manera inesperada… esa advertencia, no fue percibida esa vez. Y me temo que jamás.

Lo increíble, por así llamarlo, era que en esas tierras, no había nadie con quien pelear, su reina las había dejado a su azar, y solo necesitaban de una pisada amable.

La luna gobernaba ahí, la lluvia era su estado más natural, y las espinas en su vegetación era abundante!...

Era un lugar que no buscaba ser descubierto, pudo observar que en un punto cardinal, a medio asomar, se veía un sol, que no se animaba a salir. Un crepúsculo constante, pasivo, frio y animal. Guardaba un secreto bajo mil conjuros, que ni los hechiceros podrían descifrar.

Ansioso, busco el sentido en su interior, y con los ojos cerrados, comenzó a caminar hacia donde creía que estaba la reina de ese lugar, y no se equivoco… era ahí, donde las aves sobrevolaban lo que parecía ideal, al menos para ella.

En ese castillo de hielo, sentada en un trono de sal, estaba sentada, la reina de su soledad, reinando la oscuridad, involuntaria, pero real. El se desarmo por completo, dejo su espada, su escudo y casco… cansado de tanto caminar, pudo sin embargo sentir, que el calor que ella irradiaba, no era más que lo que el necesitaba tomar, sabía que por mucho tiempo, no había sentido algo así, no tenía cerca algo así, por lo que con voz tenue dijo… - que te han hecho reina de la soledad?, que rey ha osado en sentarse a tu lado, olvidando por un momento, de su conquista regresar?...

Ella levanto su mirada, y con una lagrima congelada, hizo un gesto de risa y exclamó. – pues no hay tal rey me temo señor, no hay persona que me conozca… sin embargo, lo que acontece no es por necesidad, sino mas bien, porque jamás alguien había llegado hasta acá.

El se sentía valiente, enardecido, acrecentado, más aun cuando había matado mil guerreros en una batalla de antaño.

Sus piernas temblaban, su corazón latía rápido, y sin pensarlo, subió al pedestal y el tomo de la mano.


Autor: Fabi Peru...

No volvere a ser joven...


..."Que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender mas tarde... como todos los jovenes, yo vine a llevarme la vida por delante... dejar huella queria, y marcharme entre aplausos... envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro... pero a pasado el tiempo, y la verdad desagradable asoma... envejecer, morir, es el unico argumento de la obra..."

J. Gil de Biedma

miércoles, 10 de febrero de 2010

The End

He fumado mi vida y del incendio
sorpresivo quedan
en mi memoria las ridículas colillas:
seres que no me vieron, mujeres como vaho,
humo en las bocas, y silencio
por doquier, como un sudario
para lo que no quise ser, y fue
como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera
que en la escuela aprendieron el Error.
No había nadie en aquel pozo, estaba
vacía la cárcel, pienso cuando
abriendo al fin la puerta, y descorriendo
por fin el cerrojo que me unía
inútilmente a las águilas, y me hacía
amar las islas y adorar la nada,
descubro
banal, y sonriéndome, la luz.

Leopoldo Maria Panero